Concha Velasco, cuando finaliza la obra en el teatro, gusta de dirigirse al público con tono y actitud maternalistas. Todo muy blando, para confirmar que al respetable lo tiene rendido, ganado, o metido en el bolsillo. Confirmarlo para sí, y por supuesto erga omnes. Y creo que merece esa licencia. En Reina Juana, hace unas noches tan solo, hay que ver cómo movía su cuerpo, y desgranaba sus palabras y sus gestos. Lo que hizo entre de interés y soportable una obra prolija, ni erudita ni cautivadora por sí misma. El escenario remontó por el hacer de la Velasco, y también por el publico forofo predispuesto de antemano.

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