Hay quien aconseja que las pelis de matones se aproximen al cómic –como género y estrategia narrativa. Y doy por bueno el principio, en el caso de este film americano –de escenas como viñetas separables, unidas por hilo argumental que se acerca a inexistente. Presuponiendo el acuerdo del lector y el creador de los cómics: una concesión inicial en lo que al espectador se muestra, para fruición y sin más indagaciones. Satisfacen los encuadres y escenarios, la estética –a veces- del personaje. Más para verla en el cine, que en televisión y en casa.

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