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No crean ustedes que es placer pequeño tener absorto a grupo de diecisieteañeros, explicándoles la Crítica de la Razón Pura. Pues yo lo vi, y lo atestiguo por eso. He visto esos ojos deslumbrados, haciendo chiribitas –mientras entendían que no vemos cosas, mas colores o impresiones… O también que las cosas no son lo que decimos que son, al margen de los conceptos que sobre ellas aplicamos. O aquello de que el espacio y el tiempo son condición de nuestra experiencia sensible, mas no se perciben sino con ocasión de ella. No obstante, es preciso añadir que el deslumbre así causado no viene sino después de trabajo –el que conduce a merecer el respeto de los jóvenes, el que alcanza el pensamiento cuando se accede hasta él a través del ventisquero del esfuerzo.

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