…es el que está más solo. Así se escucha al doctor Stockmann concluyendo el descenso a los abismos en su deriva política –en un enemigo de pueblo, 1883, esa gran obra de Ibsen para el teatro. Ayer, este papel lo representó Juan Gea con empeño, aunque también me pareció que de modo desigual. No sería sólo por ello, pero esta vez la conclusión se me hizo sobreactuada –también en la estricta redacción por parte del autor. Y no es porque esa afirmación no sea corolario destilando de los hechos representados. Más bien porque veo en ella un modo de censura hacia los otros que se podría incardinar en cualquier obra de personalidad inferior. No obstante, la acción sobre las tablas confirmó una vez más las cautelas que he vertido en otros posts anteriores –sobre la falsificación de los juegos de decisión, en el orbe democrático. La complicidad de lo innoble con el pueblo -en cuya distancia se yergue la fuerza del individuo en lejanía y a solas. Por apuntar, al concluir de la obra, una mirada realista y no descreída –más que un programa de acción.

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