La muerte de Franco se enfrentó en sus primeros escándalos con la escenificación teatral de Equus –Peter Shaffer, 1973. No por el libreto, el escándalo digo, mas por los desnudos integrales en el final de la escena. Cuando lo más sustantivo contra el pilar del régimen reside en la fenomenología que pretende de los hechos religiosos. Equiparables, en la obra, las religiones todas –en su aproximación a la patología, la psicosis o la histeria: como Apolo sucumbiendo a la embriaguez dionisíaca. La obra yo la tengo por una construcción seria, bien tratada. Aunque con el dejo de los modos intelectuales de su tiempo: sobre todo el psicoanálisis. Ayer asistí en teatro de provincias a su representación enésima: escaso ya el público, estudiante sobre todo –aunque sin la seriedad de los setenta, con su intelecto y su pose. Actores concienzudos en las tablas, y colegas con desocupo dispersos en las butacas. A mi ver, la obra incólume en su contexto. La recepción, no expectante: cateta y desvirtuada.

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