Cree la Junta de Andalucía que violentar el lenguaje es signo de progresismo. Ya saben ustedes: que no es correcto en la escuela utilizar el genérico políticos –sugiriendo el empleo de un sosainas circunloquio: la clase política. Ni los andaluces, mas la población andaluza. Y zarandajas de esas, para evitar el género neutro –que ellos reputan vehículo de sexismo. Y visto hasta dónde llega la broma tras decenios de dogmatismo ignorante, comienza uno a preguntarse en nombre de qué es legítimo violentar el lenguaje que es de todos y nos une. Sobre todo porque siempre hubo un valor a imponer con presión sobre la lengua: un expresarse correcto que permite distinguir externamente afectos y desafectos, o que impone un sectarismo sobre la capacidad de hablar. El reducto más humano.

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