Hay quienes viven bajo un nudo. Eso que no podemos resolver, o no sabemos –un entrelazamiento espeso e intrincado, inmóvil, que limita y que sofoca. No quiere esto decir que quien así vive conozca sobre sí tal circunstancia. Sobre todo cuando se habla de los nudos metafísicos –que una limitación enerva, o un deseo. Los hay también psicológicos, como lo son una incapacidad de ver –de distinguir, dilucidar o discernir en la conciencia. También hay nudos naturales, que nuestro cuerpo impone. La absolución: un desanudar o disolver de lo alto. Desde el meollo –autorreferencial, perdurable- de algún nudo religioso.

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