Presidían el desfile procesional de esta noche, tras los pasos con escenas de la pasión de Cristo, el coronel del acuartelamiento militar de aquella capital de provincia, el obispo flanqueado por dos miembros del cabildo, el alcalde de erguida compostura con abrigo gris y bastón de su alcaldía. La edad de todos ellos, delatando los procederes diferentes por los que cada estamento estatuye su carrera –su cursus honorum en el que se asciende con el esfuerzo y los años. Gerontocracia, que algunos dicen con desdén –como afirmando sin decirlo que la juventud es un valor, y que todo cambiaría con rapidez y a mejor si esos puestos fueran ocupados por capaces y por jóvenes. Aunque no se dice si la capacidad es infusa, o se adquiere con los años de la experiencia y la práctica. Seguramente no, pero dependiendo de cuáles lugares. Por no comparar la intrepidez del joven bróker en bolsa, con la tarea de gobernación al frente de instituciones: donde la prudencia viene tantas veces de la mano del conocimiento de una historia reciente más o menos. O, por conformarse con algo, estableciendo procederes que por igual nos defiendan de fulguración y altanería, de impaciencia y arribismo.

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