Tenemos el poder de acompañarnos de teorías, hasta el momento en que la acción nos urge a tomar decisiones. Decisiones relevantes, por supuesto. Aquellas que nos llegan como apuesta resquebrajando el suelo que un momento nos sostiene. Esas decisiones que son un salto en lo oscuro –zona incierta donde algo nos aguarda, como un riesgo que respira en la hondura de lo ignoto. Instantes del peligro mayor –de la soledad más grande. Y algunos acarician nuevamente pensamientos, constelación de teorías, por volver la vista atrás –ante sí la atracción de un abismo, o la obsesión de lo incierto, o el peligro de un vacío.

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