Los reyes de las Españas no deben equivocarse al hablar de Puerto Rico. Pues entre sus deberes se cuenta el de conocer la historia –la española, sobre todo, que es su patria. Conocer que es diferente ser Estado de la Unión, o –hablando de Puerto Rico- ser un Estado asociado. Y eso tiene sus razones: el momento en el que España tuvo que entregar en régimen colonial un territorio que era provincia de España. Como secularmente lo son las Islas Afortunadas. Y afirmo del mismo modo, por si no fuera bastante, que la población boricua se divide hondamente en lo que tenga que ver con su incorporación a los Estados Unidos. Otro motivo añadido, para que los reyes no deban tropezar en tal falta de consejo. Y más todavía, digo: porque hay quienes propugnan la reunificación con España. Debe de saberlo el Rey –a propósito de un lapsus dicen, en el VII Congreso de la Lengua Española, al congratularse de pisar esa Unión de los Estados cuando se hallaba en la isla. Debiera haberlo sabido, pues hay ligerezas tales que los reyes no cometen. O cometidas, perduran.

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