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Los días van llenando sus minutos de quehaceres. Que para eso vivimos –para hacer, para emprender, para actuar en nuestras cosas y el mundo. O quizás vivimos por eso, en lo que radica nuestro entero ser consciente. También incluso en los sueños, donde el dormir es actividad y los sueños son escenas que soñamos: escenas a las que asistimos como mirones externos, o en las que nos vemos actuar desde los palcos inmóviles de nuestros ojos cerrados. Son dos vidas que vivimos –cada noche, cada instante de vigilia también con soñar despiertos. Pero unidas por el hilo imperseguible que atraviesa los umbrales del despertar y el dormir. El secreto que defiende la cordura –la unidad de la consciencia.

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