¿Y si pasáramos un tiempo prolongado sin gobierno –salvo el que siga en funciones? Con pasarela de electos en las Cortes –arlequines, y a sus cosas. Y los funcionarios en lo suyo: la gestión de tono gris, cotidiana y a lo bajo. Los poderes económicos arracimados en las vigas maestras del Estado, tal quien busca amparo al fin en la zozobra. ¿Y si no hubiera gobierno por un tiempo? Pues no sé. Un problema en los partidos, por lo menos –un descanso a los oídos, y un silencio de inminencia fin del mundo socavando el runrún de tertulianos que pululan por la tele.

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