Internet es lugar donde reinan las sospechas. No tanto por el anonimato al difundir los mensajes –pues no hay tal, mas temeridad del cibernauta que confunde la invisibilidad física con la ausencia de trazabilidad virtual. También por la abundancia del mensaje, la facilidad con que se accede a una publicación universal, lo incontrastable que resulta el contenido por exceso de su proliferación. Hasta el punto de que incluso webs de diarios encuentran, en noticias que publican, un rictus cibernético de incredulidad. Y, si no, miren ustedes esta de aquí: se inaugura en Zaragoza el Centro de Interpretación del famoso ‘Ecce Homo’ de Borja. El fiasco de la pintura de iglesia que una abuela, pretendiendo restaurarla, destrozó. Sin embargo, también la vida de por fuera de los plasmas tiene acentos de inverosimilitud –la afluencia de turismo, con ticket de ventanilla para presenciar tamaña insustancialidad. Asuntos éstos que invitan a buscar, tras lo chusco y noticiable, una sólida significación. Como lo es constatar que la institución cultural crea la obra que administra: la universidad, la galería, el centro de interpretación. Actividad conformadora, cuyo éxito contará con la penetración en intermediarios virtuales o simbólicos del engranaje social.

Anuncios