También hubo un barroco en las letras españolas -no sólo en arquitectura, o en artes figurativas. Si bien el barroco español no cayó en afectación, insuflado como estaba de una franqueza muy suya. Este exordio lo he traído, por evocar la representación de la vida tal escena en un teatro. En el teatro del mundo. Con decorados sucesivos y movibles que nos ofrecen tramoya -escenarios, actos, cuadros. El lugar en que vivimos, las personas más cercanas, la ocupación del instante. Elementos de una escena dispersada con el tiempo. O perdidos para siempre. De lo que queda el recuerdo: la emoción de lo que fuimos, la fe de representarnos. Mucho más que convicción: una voluntad de ser. El empeño que nos hizo –transitorios-, o nuestra realidad constituyendo el momento.

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