Por una mirada, un mundo.

Por una sonrisa, un cielo.

Por un beso, yo no sé

qué te diera por un beso.

Y así se despachó el bueno de Bécquer, como para decir que mucho amaba pero que ofrecía poco –no se sabe si por tanto. Son las cosas que tienen quienes se acogen a generalizar, o al uso extemporáneo de la hipérbole. Pues no estaría mal que quienes así hiperbolizan aclararan que no pretenden otra cosa que retórica, o poesía en buen sentido. Porque de así no hacerlo, será poesía en sentido mendaz y malo. Lo que no es de descartar, según los hombres suelen utilizar las mentiras –o las verdades a medias: el término que define el discurso habitual en la política. Y si no, podría repasar quien no haya presenciado el debate de las Cortes Españolas estos días –el diario, ay dolor, de estas sesiones.

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