La plaza de abastos, sus pasillos a medias concurridos todavía por causa de la hora tan temprana. El puesto del pescado –con su brillo de hielos, de humedad en las escamas y mariscos. La luz, a mitad recibida de la puerta contigua de la calle –otra mitad, proyectada con violencia por los tubos reflectantes. La visión del mostrador -sensación y placer de colores azulosos en los peces que se recubren de escamas, los rosados en la carne del salmón o en las gambas y cigalas, los blancos de la merluza. El negro, el gris, el violeta trazándose con finura en las conchas de bivalvos. Tono frío de la luz, acorde con los colores que se ofrecen a la vista. Un placer, esta visión de compras y de mañana. Mientras aguardan el turno, dos compradores conversan –junto al puesto colorido y lujurioso de verduras y de frutas.

©

Anuncios