Que no es animal frecuente de ver en lugares de urbanización y asfalto. Y si no, rememoren. Haberlos, los habrá –domésticos, sobre todo. Pero lo que es un gato callejero y viejo… Parece como si sobre ello la naturaleza gatuna tendiera algún modo de censura –una cierta extrañeza a la razón, lo raro que resulta el encontrarlos. Pero yo vi uno, hará pocas semanas. Un buen ejemplar, corpulento y bien formado. Aunque el pelo asemejando una lana de gordura –lejos ya de lo suelto y el brillo de los animales jóvenes. Andando macilento, con cola muy larga y muy pesada –arrastrando su extremo con cansancio por el suelo. Lo vi en paseo marítimo, surgiendo de la arena y cruzando el enlosado. Como animal cuidado con manjares de chiringuitos cercanos, y sin rival que le disputara la comida, los espacios, la seguridad y la vida incluso y mismamente. Al pasar, retorné la mirada por mejor contemplarlo –y me crucé sus ojos, su rostro bigotudo y decadente –fatigado y sin vigor para inquirir ni repeler la mirada impertinente de un curioso.

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