Me decía JP que la razón más radical, más auténtica y secreta, para ser conservadores –son los hijos. El afán de dejarles patrimonio, posición, un país y algún futuro. Añadiendo que es ahí donde un padre no realiza concesión a la aventura. Y yo no digo que no. O que puede ser, incluso. Al menos se daría una razón de los porqués que adscriben progresismo a generaciones jóvenes –con generalización que, sin duda, falsifica. O también del valor de lo sagrado que con afán calvinista se atribuye a bienes atesorados, o a la patria. Un valor transferido desde donde nos posee el amor más constrictivo –la filiación, o ese modo de afirmar ante uno mismo esa última esperanza.

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