Un sentido que comparten el clérigo, el intelectual, el profesional –si a un límite son honrados-, es la autoridad que concitan en su entorno. Cuando ejercen y, después, con su solo aparecer o estar presentes. Y maravilla más ese estar, cuando lo que son se reconoce de grado. Como un rasgo moral de humanidad, que sobrevuela o envuelve. Con premisa de humildad y discreción, connatural y que eleva.

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