Hoy hablaba con el amigo AN, sobre ficción y relatos. Una relación entre el lector y el que escribe –que se funda, de modo privilegiado, en un previo entendimiento: que el uno acepta que se le cuente una historia –una inventio. A condición, por supuesto, de que el escribidor no abuse de la preeminente posición que aquél le reconoce. So pena de que el lector se levante de la mesa. La ficción reposa, por tanto, en el tanteo y la mesura. Tanteando los límites que el lector aceptaría en los modos narrativos y en la historia. Mesurando ese tanteo, por no transgredir el principio de Aristóteles en lugar de su Poética: que resulta preferible lo imposible verosímil, a lo posible increíble.

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