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La fachada de la catedral de Jaén es propia de un palacio de reyes. Y no por suntuosidad ni riqueza, que también –mas por sus formas, por su ornato, por su hechura. Con balconada inusual en fachadas de edificios que se consagran al culto. Con reyes coronando los principales cuerpos del concepto arquitectónico. La delatan las torres, campanarios que se yerguen a los lados. Y no veo mal que así sea propiamente esa fachada –prolegómeno renacentista de un lujo interior en las bóvedas, columnas, en las naves y su ornato. Como si Vandelvira, el autor y el arquitecto, hubiera apurado en este templo su vocación de grandeza. Monumento a visitar –sugiero que después del pórtico consistorial del Bonillo, en Albacete, y la iglesia del Salvador en la ciudad cercana de Úbeda. Con unción, y en este orden.

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