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Hay políticos que parecen, en oírlos, arqueólogos. De esos que ahondan en la tierra removida. Y si no encontraran los restos históricos que buscan, los entierran tan arteros y nocturnos como pueden –para hallazgo milagroso ante la luz y la parroquia. Por mostrar pedigrí –mas no tan sólo. Pues suele esa indagación buscar una esencia natural o diferencia de los otros, lo bastante a respaldar una ventaja. Y en esto yo recuerdo a un auténtico arqueólogo –quien excavando dio instrucciones para que la tierra sobrante se arrojara en los lindes de la finca: ignorante de un talud que la hacía despeñarse en la ladera hasta un cultivo en lo hondo. Y, desde allí el labrador –irritada la voz y a lo alto la mirada: ¡Ya está bien de tirar tanta tierra en la linde de mi huerto! ¡Cágome en tanto estudio, tanta historia –Dios me valga- y tanta hostia!

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