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Rememoraba esta tarde, al calor de la investidura catalana, escenas sin alma en los lienzos de Poussin. Ese pintor megalómano en las formas –escenas contrahechas y solemnes de la historia: personajes y comparsas sin rostro de individuo –sin verdad. Esta tarde y entre ellos, un aupado que quieren presidente de la Generalidad. En las redes he leído que autor de una recolección de artículos de autores variopintos que tituló ‘¿Cata… qué?’ Su programa, lo de siempre: la fanfarronada de una sonora ilegalidad. Sin ampliar perspectivas, y sin alterar en nada lo consabido del guión. Un sueldo de ex presidente que añadir –creo que en próximo futuro- al gasto comunal. Yo recordaba al comentarista de Poussin: un grupo de chuscos y chuscas –cocineros, lavanderas- disfrazados para escena contrahecha, para la solemnidad de un guión. Una revolución que se promete incruenta, de oropel y de escenario. Aunque el pueblo, cuando obra, no obra así. Si alguna esperanza hay para aquellos figurantes, no reside en Cataluña –mas en la dispersa política, en el vaivén de Madrid.

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