Tenemos edad de saber que el amor no es viable si no viene amasado con deseo –la afirmación de sí mismo, incluso cuando creemos que nos hemos entregado. En otro lugar he escrito que es principio de teología –buscar la salvación en el amor a lo alto: con interés personal de por medio. Hoy, esta consideración la traigo a un lugar de la política. Pues el lector sabrá que Puerto Rico no ha dejado de mirar hacia España. Esa isla que padece violentas estrechuras económicas: con el desamparo que su singular relación jurídica con Estados Unidos le depara. De tanto en tanto, voy leyendo por la red voces puertorriqueñas que denuncian colonialismo inveterado y de facto. Con el desinterés añadido que propicia la normalización de relaciones con Cuba: pérdida de interés geoestratégico que se añade a relación desigual -desventajosa. En ello, germinan movimientos de reunificación con España: denunciar un tratado en el que la metrópoli antigua se vio forzada a ceder un territorio que consideraba provincia integrante de la patria. Una aspiración, sin duda para muchos –sin entrar en lo alcanzable que resultara el proyecto. Pero entiendo que esa isla, sus pobladores boricuas, merecerían sentir desde acá una atención, un interés y mirada. Un interés de españoles, una mirada de España.

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