Personas que labran –o que ciegan, su futuro. Así, quienes confían en su arbitrio. O en su poder, o en su fuerza. Si bien el porvenir no se escribe de antemano. Si acaso, el sutil hilvanar de la discreción –su inteligencia. Sin garantía de resultado, de previsión ni de éxito. A contrario de lo romo de un alma ennegrecida: con rotura del hilván que enlazaría los sucesos congruentes de la vida. Fracasar inasumible por la quiebra de razón, de relación –y del espíritu.

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