-¿Y qué quieres, querida, que te diga? ¿Qué, después de tanto tiempo transcurrido? ¿Aguardarás acaso que te hable de nostalgias que no existen? ¿Que confiese una pérdida, contigo, que los años acreditan de ganancia –de libertad y reposo? Nada, salvo las palabras que te he dicho –y por asentir a quien te creí en momento tan lejano y olvidado. Así habló desde lo hondo, con su voz gutural y de guijarro –cuerpo enjuto, vigoroso. Atezada la piel y surcada en lo profundo por el trabajo del tiempo. Y un desamor tomaba en él la seña y la palabra. No un resentimiento, no. Mas el verde fogonazo de un aparecer que atravesaba los años –desde un punto de fuga sin futuro, escondiendo a sus espaldas como origen la impostura.

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