Hay doblez en afirmar que un tal merece tal castigo –que, por ser civilizados, nosotros no infligimos sin embargo. Al menos, así en barra de bar lo he escuchado con sorpresa: que no resulta aceptable que alguien propinara puñetazo al candidato-presidente del gobierno, por más que se pudiera pensar que en algo el candidato lo merezca. Sin entrar en otro asunto y ante esto, por obedecer a un kantiano imperativo, pregunto si establecer un castigo merecido e hipotético sobre la integridad del cuerpo es en medida legítimo, o del todo inaceptable. Pues establecido ello, habría pronunciamiento en la distancia relativo a la tortura –y también a la pena de la muerte.

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