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El miedo a los dioses, y el temor a la muerte –causas suficientes de la infelicidad que aqueja a cualquier hombre. No pretendo aquí discutir ni afirmar pensamiento tan antiguo. Aunque se pudiera estimar sometido a la prueba exigente de explicar toda causa de infortunio –prueba ante la que quizás tropezara en ciertos casos. Y es que, aunque fracasando de este modo, esta afirmación viene envuelta en un prestigio –para ser autoridad, le falta un tanto. El prestigio que comporta el emerger desde lo antiguo. El que corresponde al autor que enseñara de este modo. El prestigio sobre todo de esa insinuación que produce oscuridad –inquietando, o agitando, pensamiento y corazón en un arcano.

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