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El Museo Calouste Gulbenkian viene a mitigar esa carencia, en Portugal, de una gran pinacoteca. Y es justo que sea conocido, no obstante ser su origen una colección particular –desigual en ocasiones pero de una vocación que impresiona, en su conjunto. Desde piezas egipcíacas –del tiempo de faraones- hasta los impresionistas en la pintura francesa. Con muebles, cerámica, con tapicerías incluso. Pena que no sepa el visitante de antemano dónde administrar los tiempos de su atención –con selección de las piezas y los temas, antes que le advenga la inevitable fatiga.

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