Me lo ha dicho un conocido esta mañana: que el colesterol es el contraste mayor de la existencia del pecado. La venganza silenciosa que el placer sedimenta poco a poco en las arterias. Me lo ha dicho esta mañana a la hora del almuerzo: mientras deglutía una tostada que mordía con ahínco. Poca sal, y mucho aceite… un seguro a la tensión de las arterias y a la salud linimento. Y en la barra, un zumo de naranja no empezado todavía. En su gesto y en sus ojos, denotando una avidez irredenta: tal si, ante el colesterol, tocara a retirada en sus trincheras –con evaluación de daños, y aceptación de las pérdidas. Una lacra –lo decía. Que viene para quedarse. Junto con otras –otros pecados- de verdad no tan famosa, pero aún más efectivas.

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