Un impulso retrógrado, muy francés y de otro tiempo, esa izquierda que se presume a sí misma –que se afirma tal si fuera suficiente. Con dogmatismo al amor del movimiento de masas, nutriéndose en lo infundado: anti intelectual, irracional incluso ante graves circunstancias. Tengo para mí que hay en su origen una falla en lo moral –el narcisismo, esa grave deficiencia: amasada con diversa proporción de esteticismo y soberbia. Pasados tantos decenios, hay quien mira a esa izquierda con recelo –sus avances y repliegues: tacticismos. Su debilidad de armazón y horizontes –socavando el trabajo secular de la razón. Acariciando los linderos de una desvertebración que fue –a veces, los posos occidentales de una olvidada barbarie.

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