Los últimos comicios habidos en España, con los que se anuncian para las próximas Pascuas, tienden un arco electoral –meses de campaña soterrada, de desgaste y cansina en gran medida. Con el terremoto de lo acontecido en París –ese corazón amenazado, lastimado, en uno de los polos de esta Europa. Acaecimiento de significado con poder de arrinconar muchos discursos –los que carecen de pulso para soportar lo prolongado del desgaste, de vigor para sonar verdaderos ante el hecho terrorista perentorio. Y por ello es estrategia electoral inteligente reducir el discurso hacia lo austero –defendiendo la posición en el campo: sin invocación de ideales de fatuidad contrastada, sin reiteración de retórica que escuchan incondicionales los adeptos.

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