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En Murcia, el Teatro Circo es una propuesta funcional y alternativa –ante la gravedad que se asienta en oropeles más burgueses que barrocos, del Romea. Esta noche, he visto bien que el Sócrates de Mario Gas se representara en la sala. Seguramente por la sobriedad de los estrados ensamblados de una madera desnuda figurando en ocasiones el ágora –la celda del filósofo también, en escenas singulares. Como me ha parecido bien, en manera semejante, la sobriedad del atuendo y el empeño en declamar por parte de algunos de sus actores. Sin embargo entiendo que este empeño nace más del vigor del personaje, que no de un tratamiento personal por parte del libretista. En efecto, la acción es literal de Platón –con selección de diálogos mayéuticos de alcance reducido y de argumento anecdótico. Dos momentos en que el autor vuela solo: al inicio –con recurso a un cuestionamiento anacrónico de la Atenas de Pericles. También, cuando el Sócrates habla para siempre como alma rediviva. Dos momentos en que la fuerza declina. Pensaba, en el ínterin de la escena, que espectáculo parejo fueron las representaciones de la pasión de Cristo –en tiempos propicios, ha decenios, para un sentido moral por entonces imperante.

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