En Madrid tuvimos nuestro Atocha. No fue momento, sin embargo, para aunarnos. Ocasión electoral para los otros, y también –solipsistas- en los unos. Lo de París añade un conocimiento mayor de la dimensión estructural y del problema. Sin embargo, un sentido también de lo que es recto: aquello inamovible a lo que nadie bajo nada renunciara. Lo contrario, generosidad en falta –sectarismo. Esa manta escasa que cubre una nación cuando se instalan los manejos alicortos –valor y antivalor cortoplacistas.

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