Es simplificar, pero funciona: que la izquierda y la derecha difieren en el riesgo que reputan aceptable por la idea. Fíjese el lector en que no se distinguen, por lo tanto, en virtud de la idea perseguida. De hecho, entre las derechas hay quien –no sin vehemencia y razones pululando en las entrañas- deniega a las izquierdas la superioridad en terreno de moral: de igualdad, de libertad y de progreso. Cosa diferente es gestionar aquello a lo que se aspira –pues, con el paso de los tiempos de la vida, termina por importar no la meta solamente, mas sobre todo el camino. Por no decir si la izquierda se debilita o traiciona –con mirada escatológica de un vocero, aprehendida en el dogma que la nutre y aquietada en su recurso.

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