Quienes han conocido la dulzura del latín, el melódico acento que lo inspira, los pensamientos que arraigaron en la placenta nutricia de sus palabras –de sus estructuras léxicas… Quien lo conoció, no duda de que no mereció morir una lengua tan antigua y tan de Europa. Si bien su disgregación dio ocasión a lenguas cultas y bellas. Asunto a considerar cuando, hoy, se restablecen lenguas perdidas: lenguas ágrafas, tribales, montaraces en su origen, remendadas hoy en día –contrahechas. O, simplemente, dialectos de lenguas muertas. Una cuestión aldeana, o de poder. Del poder que se perdió. O se pretende, o se tiene.

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