Entre mis antiguos conocidos, AL no se jactaba de liberal. Ni tampoco presumía, mas lo era. Y lo digo en pretérito imperfecto, por la distancia y el tiempo. De él escuché que el dinero que nos pagan por las letras que decimos o escribimos –si lo pagan- no debe ser tratado con desdén ni menosprecio: signo como es de un valor que los otros nos conceden. Se valora aquello en que se gasta un dinero –y también a viceversa. Es cierto también que en ocasiones se paga lo que se puede: y que aquellos que nos leen o nos escuchan lo agradecen –sin exagerar, sin idealismo, y en su discreta medida. Aunque también conjeturo que el precio que se nos da, nuestro caché, nos ubica en un orden de interés o prevalencia –con respecto, cómo no, a otras cosas que se miden asimismo con monedas.

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