El número de seguidores en redes sociales, tiene un tono destacado cuando se trata de Twitter. Quiero decir que son muchos quienes buscan la acumulación en general en la totalidad de esas redes –el número, independiente que sea de la atención que esas cuentas afiliadas presten a nuestras publicaciones, invenciones u ocurrencias. Pero en la red que digo, esa cifra adquiere una visibilidad totémica: talismán que pregona el vigor de la influencia. Aposentada que fuera en el suelo desigual de los adeptos: quienes se sumaron por espurio motivo y ahí vegetan, quienes lo hicieron por mantener un recíproco seguidor –moneda que nació devaluada-, o también aquellos que prestan atención ocasional y descuidada a los tweets que publicamos. También los hay más fieles. Pero con atención tamizada por lo efímero del mostrarse en timeline lo publicado. A lo sumo, un número de posibles: tal volumen que aguardara la atención de un lector, ubicado estratégico en estante transitado de una biblioteca anónima.

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