Al final del día, el cansancio trae a veces una impresión de obra nueva –cuando, levantados espacios que no eran, un lugar se abre inédito a la experiencia transitoria del momento. Y ese cansancio, su cuerpo, se mece y se distiende en las horas finales de este día –la visión de las horas preteridas a la espalda, con su rédito y su usura. Y también el placer de imaginar que se edifica algo novedoso o interior –en jornadas desiguales y aleatorias.

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