Un frase feliz –encuentra su lugar en el texto caduco y periodístico, en la esquela de amor repleta de ironía, en el fuego inesperado del concepto o epigrama. Con dificultad, en el volumen que contiene la filosofía engranada en un sistema. Pues en esa frase el decir aúna la ruptura del nivel de expectativa del lector, el sacudir repentino del lenguaje, la claudicación del sentido, la amenaza de un orden -la sorpresa. Como sucedió en el verso –sin buscar ser ungüento de las cosas, mas fisura entreabierta hacia su abismo. Sin profundidad ni usura.

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