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Concedo, de antemano, que el arte en el toreo resulta hoy en día argumento discutido. Sin embargo, creo que hay consenso razonable en no hablar de virtualidad artística en las lides tauromáquicas populares –que se juegan en las eras y en las calles de esta España. Asunto diferente es la lidia que se decide en el coso: aquí, los hay que encuentran una cualidad artística –artistas, también, renombrados. Y los hay que la niegan en redondo. Sobre este particular, vengo a las razones que en otros post he expresado: lo indecidible del arte. Como ante una música dada, no es posible demostrar con argumento cuándo alcanza la sublimidad artística o es charanga simplemente. Lo cierto es que, discutido que sea, son muchos los que hallan y han hallado en el toreo un acorde del sentido: el color, los sonidos, el movimiento que se atempera y se acopla como música callada. Hay también quien objeta el precio con que se paga: el de crueldad y maltrato. No obstante, tampoco se decidiría fácilmente cuáles lances de muerte cruzados con animales constituyen un maltrato. Salvo el límite odioso del animal indefenso y la agresión gratuita –perseguida con zafiedad por sí misma. La cabra del campanario, o los gansos a tirón decapitados. Un límite de evidencia que, si lo miro tal cual, no se produce en el coso.

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Argumentos de tauromaquia / 1

Argumentos de tauromaquia / 3

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