Porque todos los grupos –de profesión, de actividad, de afición- tienen horas de prestigio. Aunque esas horas duren meses –duren años. Con ascenso en su valoración social, y con caída. Tan sólo que los tiempos aceleran lo mudable de esa estima. De modo que aquel que buscara usufructo o granjería deberá tener débil afición y convicción de arraigo inconsistente, o considerable juego de cintura. Sucedió con el profesor, el doctor, el escritor, o el gobernante.. Como va ocurriendo hoy en día con el director o actor de cine –y si así no lo cree el lector, désele tiempo. Tal si la erosión democrática de la valoración social tendiera hacia un terrero uniforme y sin relieve. Y si no, por estar en el campo de las artes diferentes, recuérdese el prestigio que hace años tuvo el estro del poeta. En su declive, me narraba FV que -pretendiendo favores de doncella, y haciendo valer su condición de vate- escuchó un despectivo ¿poeta? ¡ya no se lleva…¡ Veredicto dirimente.

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