Lo antiguo y lo moderno dividen más que pudieran dividir las izquierdas y derechas. El austracismo aquel de territorios en España –medievalismos que tuvieron un sentido para gentes salidas recién de una larga reconquista. Esa desinencia sentimental por el lado más retrógrado, en el siglo que habitamos. O la vocación moderna que articula los derechos de todo hombre cualquiera, en la unidad que dicta la razón y se expresa en el Estado. Con la circunstancia de que es, en general, el sentimiento la parte con más fuerza militante. La razón –por lo demás, del lado de quienes viven libertad recíproca y cotidiana. Que produce militancia en gentes ilustradas, y también en el común cuando aquella libertad se pierde –se limita o amenaza. La división que ocultaba sordamente la disputa aparente entre la izquierda o derecha. Trampantojo. En la perspectiva blanda que acunara un cierto modo de vivir la democracia.

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