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No tiene por qué saber el lector, que este Blog se acerca a paso raudo hacia las mil entradas. La que estás leyendo, sin más, hace la número novecientos noventa y tres –por ahora. Algunos amigos –lectores primeros hace algunos años- me insistieron en que lo que aquí se publica estaría mejor en edición en papel. En un libro, digamos. Y he de reconocer que no ando tan lejos de esa opinión amigable. Algún obstáculo razonable me tiene, sin embargo. Por ejemplo, la prolijidad casi cotidiana con que escribo, pues ponerme al ordenador al finalizar el día se ha convertido en hábito comunicacional conmigo, contigo lector también, y también con la escritura. Por otro lado, el inconveniente al respecto de la imprenta es el grosor del volumen –oneroso con vistas al almacenaje de stock, y a la comodidad manejera en la mano del viandante. También empece, a mi vista, la selección necesaria de los textos. En efecto, he procurado en ellos una solicitud intachable –con musicalidad del texto, corrección y audacia de lenguaje de consuno. No obstante, pudieran ser numerosos e incompleta su relación –siempre abierta. Asimismo, el cultismo que en partes se adivina. No obstante, nada hay descartado a este respecto. Como también está sujeto a estimaciones futuras el dilema entre la conclusión del Blog –definitiva-, o la palabra por su medio replicándose infinita.

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