La veteranía del político viene tantas veces con las canas. Quiero decir esa veteranía que es autoridad propiciando sosiego para algunos, y que otros pretenden ahuyentar con denuesto de enemigos. Con el solo esgrimir la palabra ponderada. La que inspirar pudiera desconcierto en oportunistas, saltimbanquis, funambulistas que trazan en el aire los caminos del interés de su partido o de sí mismos. Y libertad sobre todo –de discurso, cuando menos. Así escuché a Joaquín Leguina, el veterano, hablando de interés general y de igualdad –sin tonterías, y tan sólo y exclusivo en lo que importa.

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