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Una mala experiencia del lector, es la decepción de tropezar con texto plano –ya se sabe: como escrito de oficio, que cumple aunque sin brillo y rutinario, sin más interés que haber puesto a la luz una impotencia fallida en el orden de las letras. De autor intercambiable, que aspiró a corrección únicamente -sin transgresión de sí mismo, y tampoco con audacia. Y he dicho decepción porque todo lector en los inicios busca un algo, y en los medios precisa un interés y un acicate. Y, al final, la experiencia de hallar lo que no fuera buscado –más que una novedad, mucho más que una sorpresa. Esa decepción se amortigua, sin embargo, en el periódico: con su copia de firmas yuxtapuestas –desigualdad que introduce un relieve a lo largo de las páginas. Altibajos que no son diversidad, sino relevante claroscuro –y contraste necesario.

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