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Al modo de Mallarmé –la bailarina no es solamente una mujer que baila-, diré que un lector de periódicos no es tan sólo un señor que lee la prensa. Es también una sensibilidad conformada ante aquello que recibe en los papeles –y no sólo receptor, mas también inquiridor que interpela y que reclama. Algunos, los que buscan en la prensa la expresión feliz –rotunda y acertada- de lo que ellos mismos sostienen en sus fueros interiores. Proyectan en la noticia –en su enfoque- su propio enjuiciamiento de las cosas. Igual en la columna, la opinión, la autoridad editorial de la tercera. También los hay que buscan el discurso original, autorizado –se halle en el lugar del espectro en que se halle. Diletantes a veces, filósofos las más –si el término se entiende con rigor: una pulsión parcial por la verdad, y siempre indefinible. Como los hay asimismo diletantes sin verdad: libadores de la novedad ocasional y de destello, sin poso ni verdad –o sin sosiego. Tl vez la nómina no se agote en estos mimbres. Si bien la existencia del periódico demuestra que el leer posee todavía un lector trascendental –de a prioris conformados, y conscientes.

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