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Recientemente, el órgano histórico de Torre de Juan Abad sonó bajo el gobierno de Riyehee Hong –organista coreana de gusto musical y de impecable finura. Debo decir que no es la primera vez que escucho de su mano esos y otros sones, en órganos esplendorosos de iglesias repartidas por España. En Torre de Juan Abad, con el aliciente de paisajes anchurosos de La Mancha –con su azul y con su cielo-, que predisponen siempre. Allí, los conciertos se ofrecen con frecuencia de la mano de organistas reputados. Con sus timbres y matices. En caso de esta organista, la sutileza y su toque se aúnan con la primorosa elección del repertorio. También, y por decir más todavía, tuve la ocasión de compartir conversación con LMG –amador de la música, y comprometido sin dudarlo con la vida de estos ciclos de conciertos. Que se mueven por impulso de la generosidad y el trabajo de unas almas. Pensé en ciudades –privilegiadas con la posesión de un órgano monumental o solemne, y de medios suficientes tal es Murcia- que carecen de estos ciclos. Sin que falte la afición del público –ni defraude a este respecto el respetable.

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