El 15 de agosto inicia la normalización paulatina de la vida de los barrios –iniciándose el declive del desierto estival que deja en la ciudad el veraneo. Esta normalización del barrio, de su ambiente, que se advierte en detalles esenciales –cotidianos. El reabrir, por un ejemplo, de la frutería que frecuentamos. El retorno del color: de los verdes, los rosados, amarillos, los violetas de los frutos y verduras. El placer de desplazarse entre los cestos colmatados. Los olores, el bullicio, la atención habitual del dependiente. Y el kiosko del periódico, o el bar donde solemos detener en el café nuestra jornada. Mojones relevantes que señalan el terreno afectivo de los días –el contorno de las cosas, la invención de su sentido inexpresado.

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