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La noche de Vélez-Blanco –su patio, renacentista que fue y lo es en Norteamérica, engastado en su castillo. Esta noche, ese patio entre almeriense y murciano ha acogido la voz de Erika Escribá –soprano de firmeza y de esmero- con acordes de un clavicordio diestramente gobernado. En concierto con el título que da su nombre a esta entrada. Agradecía el público, juntamente con las músicas, el respiro estival de la brisa montaraz de la Sierra de María. La soprano –contundente, con seguridad no por ello falta de una personal terneza. Primero unos sones del Renacimiento, italianos: Monteverdi, Frescobaldi. Para concluir esta primera parte con esas Lagrime mie de Barbara Strozzi: a mi gusto, demasiado prolongado su lamento y de interés no primero. Una sesión de Haendel, en los medios del concierto. Finalizando, músicas españolas de los siglos XVI a XVIII –entre ellas, una curiosa Nani, Nani –anónimo sefardita. Este festival egetano de música de Renacimiento y Barroco, ha trazado una altura indiscutible durante sus ya catorce ediciones. Incluso golpeado por la crisis que aún perdura, no han faltado ciertas noches deleitosas. Remecidas. Como hoy. Y memorables.

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